@dhzan

Light in October

IMG_2569Sierra de Urbasa

Alain Resnais

“Nuit et brouillard”. 1955

 

Michelangelo Antonioni

Lo sguardo di Michelangelo. 2004

These days

 

 

I’ve been out walking
I don’t do too much talking
These days, these days
These days I seem to think a lot
About the things that I forgot to do
And all the times I had the chance to.

I’ve stopped my rambling
I don’t do too much gambling
These days, these days
These days I seem to think about
How all the changes came about my ways
And I wonder if I’d see another highway

I had a lover
I don’t think I’ll risk another
These days, these days
And if I seem to be afraid
To live the life that I have made in song
It’s just that I’ve been losing so long

I’ve stopped my dreaming
I won’t do too much scheming
These days, these days
These days I sit on corner stones
And count the time in quarter tones to ten
Please don’t confront me with my failures
I had not forgotten them

Feltrinelli+Neon Neon

“Senior service”

 

Neon Neon. ”Praxis Makes Perfect”. 2013

 

 

Pema Tseden

 

The Search (2009)

Search2

 

 

Sin orden ni concierto II. Cine 2013

Sin orden ni concierto. Algunas de las películas vistas durante 2013 que me han impactado, interesado, inquietado o fascinado.

 

First cousin once removed. Alan Berliner

 

Caníbal. Manuel Martín Cuenca

 

Branka. Mikel Zatarain

 

Before Midnight. Richard Linklater

 

Más allá de las colinas. Cristian Mungiu

 

Invisible. Víctor Iriarte

 

The wind rises. Hayao Miyazaki

 

Paradise: Love. Ulrich Seidl

 

El modelo. Germán Scelso

 

Leviathan. Lucien Castaing-Taylor, Verena Paravel

 

Anna Karenina. Joe Wright

 

Weekend. Andrew Haigh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin orden ni concierto I. Cine 2013

Sin orden ni concierto. Algunas de las películas vistas durante 2013 que me han impactado, interesado, inquietado o fascinado.

 

A touch of sin. Jia Zhang-ke

 

The Dubai in me. Christian von Borries

 

L’Image manquante. Rithy Panh

 

La herida. Fernando Franco

 

A world not ours. Mahdi Fleifel

 

Handful of dust. Hope Tucker

 

La vie d’Adéle. Abdelatif Kechiche

 

Norte, The End of history. Lav Diaz

 

Il villaggio di cartone. Ermanno Olmi

 

Dime quién era Sanchicorrota. Jorge Tur Moltó

 

Paradise: Faith. Ulrich Seidl

 

Vers Madrid. Sylvain George

 

Mud. Jeff Nichols

 

Free Angela and all political prisoners. Shola Lynch

 

In the fog. Sergei Loznitsa

 

In another country. Hong Sang-soo

 

Django Unchained. Quentin Tarantino

 

 

 

 

 

 

 

 

Dubliners

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Girl in a Coffee

“Masa y Poder”. Elías Canetti

INVERSIÓN DEL TEMOR A SER TOCADO

Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido. Desea saber quién es el que le agarra; le quiere reconocer o, al menos, poder clasificar. El hombre elude siempre el contacto con lo extraño. De noche o a oscuras, el terror ante un contacto inesperado puede llegar a convertirse en pánico. Ni siquiera la ropa ofrece suficiente seguridad: qué fácil es desgarrarla, qué fácil penetrar hasta la carne desnuda, tersa e indefensa del agredido. Todas las distancias que el hombre ha creado a su alrededor han surgido de este temor a ser tocado. Uno se encierra en casas a las que nadie debe entrar y sólo dentro de ellas se siente medianamente seguro. El miedo al ladrón se configura no sólo como un temor a la rapiña sino también como un temor a ser tocado por algún repentino e inesperado ataque procedente de las tinieblas. La mano, convertida en garra, vuelve a utilizarse siempre como símbolo de tal miedo. Mucho de ello ha pasado a formar parte del doble sentido de la palabra «agarrar». Tanto el contacto más inofensivo como el ataque más peligroso están ambos contenidos en ella, y siempre hay cierta influencia de lo último en lo primero. El sustantivo «agresión»se ha reducido, sin embargo, sólo al sentido peyorativo del término. Esta aversión al contacto no nos abandona tampoco cuando nos mezclamos entre la gente. La manera de movernos en la calle, entre muchos hombres, en restaurantes, en ferrocarriles y autobuses, está dictada por este temor. Incluso cuando nos encontramos muy cerca unos de otros, cuando podemos contemplar a los demás y estudiarlos detenidamente, evitamos en lo posible entrar en contacto con ellos. Si actuamos de otra manera sólo es porque alguien nos ha caído en gracia y entonces el acercamiento parte de nosotros mismos.

La rapidez con que nos disculpamos cuando entramos involuntariamente en contacto con alguien, la ansiedad con que se esperan esas disculpas, la reacción violenta y, a menudo incluso cuando no hay contacto, la antipatía y el odio que se sienten por el«malhechor», aunque no haya modo de estar seguro de que lo sea, todo este nudo de reacciones psíquicas en torno al ser tocado por lo extraño, en su extrema inestabilidad e irritabilidad, demuestra que se trata de algo muy profundo que nos mantiene en guardia y nos hace susceptibles de un proceso que jamás abandona al hombre una vez que ha establecido los límites de su persona. Incluso el sueño, que nos vuelve mucho más inermes, es demasiado fácil de turbar por esta clase de temor. Sólo inmerso en la masa puede el hombre redimirse de este temor al contacto. Se trata de la única situación en la que este temor se convierte en su contrario. Es esta densa masa la que se necesita para ello, cuando un cuerpo se estrecha contra otro cuerpo, densa también en su constitución anímica, es decir, cuando no se presta atención a quién es el que le «estrecha» a uno. Así, una vez que uno se ha abandonado a la masa no teme su contacto. En este caso ideal todos son iguales entre sí. Ninguna diferencia cuenta, ni siquiera la de los sexos. Quien quiera que sea el que se oprime contra uno, se le encuentra idéntico a uno mismo. Se le percibe de la misma manera en que uno se percibe a sí mismo. De pronto, todo acontece como dentro de un cuerpo.

Acaso sea ésta una de las razones por las que la masa procura estrecharse tan densamente: quiere desembarazarse lo más perfectamente posible del temor al contacto de los individuos. Cuanto mayor es la vehemencia con que se estrechan los hombres unos contra otros, tanto mayor es la certeza con que advierten que no se tienen miedo entre sí. Esta inversión del temor a ser tocado forma parte de la masa. El alivio que se propaga dentro de ella (y que será tratado en otro contexto) alcanza una proporción notoriamente elevada en su densidad máxima.

Masa y Poder. Elías Canetti