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Mi (muy parcial) Festival de San Sebastián 2018

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Este es un muy parcial comentario sobre la última edición del Festival de San Sebastián, puesto que apenas he podido ver un puñado de las películas proyectadas. La edición de este año se presentaba bajo el signo de una renovación estética que afectaba tanto a la imagen gráfica del Festival como a un nuevo diseño de la propia Concha de Oro, un cambio que busca dar una nueva identidad de marca al festival a nivel internacional que lo haga fácilmente reconocible dentro del complicado mundo del cine y de los festivales.

Y también llegaba bajo el signo del crecimiento. El Festival cada vez es más grande e inabarcable y como consecuencia se han vivido algunas distorsiones entre prensa y acreditados y la organización, que sigue siendo casi modélica y de un trato personal magnífico. En mi opinión, el festival haría mal en imitar y copiar lo peor de otros festivales como dividir a la prensa en castas de colores (como se hace en Cannes) con el consiguiente desprecio y maltrato a quien se gasta su dinero o el de su medio de comunicación en desplazarse y alojarse en la ciudad.

En cuanto a la progrmación, si durante años las fechas del evento eran un obstáculo de cara a conseguir películas y directores de renombre que lo acercara en la medida de lo posible a otros festivales de su misma categoría, el actual equipo directivo del festival ha sabido encontrar una fórmula que lo haga atractivo tanto para la industria internacional, prensa estatal e internacional, y al público, verdadero guardaespaldas de un evento que es vivido en la ciudad con verdadera pasión y entrega. Este festival de lo posible consiste en convertirlo en un certamen que resuma lo mejor del panorama cinematográfico mundial de cada año, de tal manera, que quien no pueda asistir a las grandes citas cinematográficas pueda comprobar en pocos días la evolución del panorama audiovisual a nivel internacional durante el último año. Las secciones Perlas y Zabaltegi son dos imanes programáticos que sirven para atraer al festival tanto al público como a la prensa especializada en una suerte de festival de preestrenos de lo que se verá en los cines comerciales durante el otoño. En esta edición se ha podido ver -fuera de unos pocos títulos como Lazzaro Felice, Suspiria, The favourite o Border- prácticamente lo más destacado de Cannes y Venecia y en menor número películas procedentes de Berlín o Locarno. En cierta manera Perlas y Zabaltegi, inéditas en otros festivales de nivel A, distorsionan el papel que la prensa especializada juega en el festival,  que debería centrarse en cubrir sobre todo la Sección Oficial como New Directors que son las apuestas propias del equipo de programación.

Otro aspecto a destacar es la apuesta decidida del actual equipo directivo por la inclusión dentro de la Sección Oficial de películas de género que han logrado que se perciba con más interés y expectación aunque la conexión Toronto-San Sebastián sigue evidenciando la debilidad del certamen donostiarra frente a Berlín, Cannes, Venecia e incluso Locarno a la hora de las primicias mundiales, que a fin de cuentas es lo que mueve a la prensa internacional. En cualquier caso, títulos como In Fabric (Peter Strickland) hubieran sido impensables verlas programadas en la sección principal del Festival no hace tantos años.

En relación al cine español hay que señalar que dos de las películas más esperadas, El Reino y Quién te cantará, se habían proyectado previamente en Toronto -un mercado más que un festival-, buscando una repercusión internacional de la que adolece muy seriamente el cine español, prácticamente ausente desde hace años de los grandes festivales internacionales de cine, y una difusión que al menos permita a estas películas liderar las taquillas del mercado español. Tanto El Reino como Quién te cantará son dos triunfos artísticos por parte de Rodrigo Sorogoyen y Carlos Vermut aunque la que finalmente se llevó el gato al agua fue Isaki Lakuesta con Entre dos aguas, que llegó al festival de forma silenciosa y discreta al ganar la segunda Concha de Oro en un jurado presidido por Alexander Payne.

Con una Sección Oficial compuesta por una amplia variedad de estilos, géneros y estéticas, la elección de Payne, que realiza un cine que bebe del realismo y el costumbrimo tamizado por un humor melácolico,  como presidente del jurado se ha revelado como no acertada al obviar totalmente en el palmarés a High Life, de Claire Denis, la que en mi opinión ha sido la película más destacada de las vistas en el festival y uno de los grandes títulos del año a nivel internacional.

Con 66 ediciones a sus espaldas es uno de los festivales históricos del mundo y el primer festival en el ámbito latinoamericano. A pesar de ostentar esta condición desde hace décadas sorprende que desde las instituciones estatales y latinoamericanas no se contribuya de manera más decidida a reforzar esta condición y dotarlo de un presupuesto mayor que le permita ser en un plazo de tiempo razonable la plataforma de lanzamiento indiscutible de los cines del estado español y latinoamericano aunque iniciativas como el cada vez más decisivo e influyente Foro de Coproducción Europa-América Latina tratan de consolidar esta condición así como reforzar el papel vital de la industria dentro del certamen.

Algunas de las películas que pude ver y que más me interesaron fueron:

HIGH LIFE. Claire Denis

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Con un formato  de ciencia ficción distópica, Claire Denis, realiza una incursión abstracta que retrata los miedos, ansiedades, angustias y peligros de nuestro tiempo  y de paso, nos proporciona una de las experiencias audiovisuales, sensoriales y orgánicas más radicales del año. Por una lado, Denis, subvierte la reglas del propio género que usa como medio expresivo alejándose por completo de la convenciones de la ciencia ficción marcada históricamente por el cine americano y bebe tanto estéticamente como temáticamente de otros referentes menos espectaculares como son la ciencia ficción europea, en concreto de los países del Este, en los años 70 del siglo pasado. Esta elección estética se evidencia en el look que predomina en la película donde la propia nave espacial semeja a un pobre sarcófago o los propios trajes de los astronautas, más austeros y similares a la estética espacial soviética.

Además, utiliza los cuerpos, el sexo y los fluidos como elementos expresivos para realizar un diagnóstico atroz de nuestra condición humana por medio de un grupo de ex convictos, encabezados por Robert Pattinson y Juliette Binoche, que son enviados como conejillos de indias a una misión espacial imposible. Por otro lado, la directora francesa sublima el propio género de la ciencia ficción al utilizar como referentes el cine de Tarkovski -Solaris y Stalker-, y al propio Kubrick de 2001, una odisea en el espacio. Sin duda una de las grandes películas del año por su ambición, originalidad

ROMA. Alfonso Cuarón

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Roma se plantea como un fresco al mismo tiempo íntimo e histórico con el trasfondo de la situación de México en los años 1970 y 1971. Pese a la enorme profundidad de campo que nos da la película rodada en 65 mm, Alfonso Cuarón no utiliza la épica para retratar sus memorias de infancia y opta por un punto de vista más distanciado ante lo que se muestra en pantalla. En cualquier caso, el espectador asiste a la película como si fuera un trozo de vida real que se desarrolla delante de sus ojos con una asombrosa naturalidad y fluidez siguiendo a Cleo, la criada de la familia de Cuarón en aquel tiempo, un personaje interpretado por la actriz no profesional Yalitza Aparicio, que dota a la película de verdad, dignidad y humanismo. Más allá de sus valores cinematográficos, la película producida por Netflix y úlitma ganadora del León de Oro en Venecia, plantea la paradoja de su forma de exhibición.

MANTA RAY. Phuttiphong Aroonpheng

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Avalada por el reciente premio a la mejor película de la sección Orizzonti de la última Mostra veneciana, Manta Ray está claramemente influenciada por el universo creativo del también tailandés Apichatpong Weerasetakhul. La principal novedad de la ópera prima de Phuttiphong Aroonpheng radica en el inserto de un sutil pero directo elemento de denuncia política como es la situación de los refugiados rohinhyá, la perseguida minoría éntica y cultural de Myanmar, en medio de una formulación cinematográfica tan misteriosa y “fantasmática” como acostumbra el cine tailandés. Lo que logra su director es una potente película críptica y ambivalente, entre el murmullo sonoro y el barroquismo audiovisual, donde convergen lo íntimo y personal con lo antropológico y político.

QUIÉN TE CANTARÁ. Carlos Vermut

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La nueva y esperadísima película de Carlos Vermut tras la Concha de Oro de Magical Girl llegaba a San Sebastián con un hype por encima de sus posibilidades como una de las apuestas indiscutibles de la Sección Oficial de este año. Y una vez despejada la incógnita se puede decir que Quién te cantará supone un paso sólido en la carrera de Carlos Vermut aunque en ese paso se ha dejado parte de la originalidad de su anterior película. Planteada como juego de espejos vampírico entre una cantante de éxito (Najwa Nimri) y una fan (Eva Llorach), la nómina de influencias es larga y excelsa: desde Almodóvar a Bergman, pasando por Douglas Sirk o David Lynch.

EL REINO. Rodrigo Sorogoyen

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Una de las claves de la nueva película de Sorogoyen es que consigue desvelar la parte oculta de la omnipresente corrupción entre la clase política española que no vemos en los telediarios. Junto a su guionista, Isabel Peña, ha conseguido dar forma a toda la intrahistoria de sus conversaciones, llamadas de teléfono, reuniones de partido, fiestas en los yates, como son sus casas y chalets, etc logrando reflejar la realidad de un país de forma demoledora a ritmo de música electronica y utilizando el thriller como forma de narración. Por su contundencia, El Reino es una película que debería trascender el ámbito cinematográfico y tener una influencia destacada en una sociedad que percibe la corrupción política y social como uno de sus grandes retos y problemas a solucionar.

ROJO. Benjamín Naishtat

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Triplemente premiada (dirección, actor -Darío Grandinetti- y fotografía) por el Jurado de San Sebastián, Rojo nos traslada hasta una provincia del interior de Argentina en 1975 para reflejar por medio de un magnífico thriller la cenagosa y malsana atmósfera que posibilitó el Golpe de Estado y la llegada de la dictadura militar en 1976. Con una puesta en escena cuidada donde resuenan los ecos del cine del extrañamiento de Lucrecia Martel y Yorgos Lanthimos y una gran fotografía del brasileño Pedro Sotero (Aquarius), Naishtat consigue una narración que logra radiografiar perfectamente la deriva moral de aquella sociedad cuyos ecos todavía resuenan en la actualidad.

Lights

sm_image3Lee Ping Bin. “The Assassin” (Hou Hsiao-Hsien. 2015)

 

 

Captura de pantalla 2015-10-17 a la(s) 09.50.56Sophia Olsson. “Sparrows” (Rúnar Rúnarsson. 2015)

 

 

EVOLUTION - Still 2 Manu Dacosse. “Evolution” (Lucile Hadzihalilovic. 2015)

 

 

elclub2Sergio Armstrong. “El Club” (Pablo Larraín. 2015)

 

 

ixcanul1Luis Armando Arteaga. “Ixcanul” (Jayro Bustamante. 2015)

 

Laurie Anderson

IMG_2260Laurie Anderson. San Sebastian International Film Festival. September 2015

Bruno Dumont

Hadewijch. 2009

João Canijo

Fantasia lusitana. 2010

 

Sangue do meu sangue. 2011

 

 

Virginia García del Pino

 

Basilio Martín Patino. La décima carta. 2014

La última secuencia del documental es una de las más importantes del cine español reciente, donde, frente a un televisor que transmite la corononación de Felipe VI, se visualiza la esencia de un país que no cambia.

 

Aki Kaurismäki

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Festival de San Sebastián 2011

Sin orden ni concierto II. Cine 2013

Sin orden ni concierto. Algunas de las películas vistas durante 2013 que me han impactado, interesado, inquietado o fascinado.

 

First cousin once removed. Alan Berliner

 

Caníbal. Manuel Martín Cuenca

 

Branka. Mikel Zatarain

 

Before Midnight. Richard Linklater

 

Más allá de las colinas. Cristian Mungiu

 

Invisible. Víctor Iriarte

 

The wind rises. Hayao Miyazaki

 

Paradise: Love. Ulrich Seidl

 

El modelo. Germán Scelso

 

Leviathan. Lucien Castaing-Taylor, Verena Paravel

 

Anna Karenina. Joe Wright

 

Weekend. Andrew Haigh

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin orden ni concierto I. Cine 2013

Sin orden ni concierto. Algunas de las películas vistas durante 2013 que me han impactado, interesado, inquietado o fascinado.

 

A touch of sin. Jia Zhang-ke

 

The Dubai in me. Christian von Borries

 

L’Image manquante. Rithy Panh

 

La herida. Fernando Franco

 

A world not ours. Mahdi Fleifel

 

Handful of dust. Hope Tucker

 

La vie d’Adéle. Abdelatif Kechiche

 

Norte, The End of history. Lav Diaz

 

Il villaggio di cartone. Ermanno Olmi

 

Dime quién era Sanchicorrota. Jorge Tur Moltó

 

Paradise: Faith. Ulrich Seidl

 

Vers Madrid. Sylvain George

 

Mud. Jeff Nichols

 

Free Angela and all political prisoners. Shola Lynch

 

In the fog. Sergei Loznitsa

 

In another country. Hong Sang-soo

 

Django Unchained. Quentin Tarantino

 

 

 

 

 

 

 

 

“Lucía”

Obra de Niles Atallah, artista audiovisual con un sugerente universo plástico y estético, que de vez en cuando viene a mi cabeza. Chile a finales de 2006. Santiago de Chile, funerales de Pinochet al fondo, un padre y una  hija viven muy humildemente su vida ralentizada, morosa, atascada….